Begoña Busto. In memoriam

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La muerte no se merece a alguien como Begoña.
Aunque la muerte tiene la ventaja de que tarde o temprano gana la partida, y ella lo sabe, en este caso le costó mucho trabajo salirse con la suya. Tuvo que hacer trampas para llevarse por delante a un ser tan vital, optimista y comprometido con el oficio de vivir como lo fue nuestra Begoña. La muerte tuvo que emplearse contra ella muy a fondo, con demasiada saña, con innecesaria saña, para tumbar el alma y el cuerpo de quien transmitía sin palabras que amaba la vida en toda su gama de colores, que disfrutaba con el arco iris, pero que también sabía lidiar con los días marrones, tristes, con los días finales.
Begoña burló a la muerte durante años con su potente inteligencia, con el enorme sentido común que mostraba en todas las acciones de su vida. Tenía claro que ante la muerte no hay mejor desprecio que no hacer aprecio, así que optó por convertir la enfermedad en una tarea más de su agenda de trabajo. Donde otros seres humanos ven una maldición, una losa bajo la que se resignan sin lucha, Begoña veía una circunstancia más con la que se le había tocado lidiar y no dejaba que la enfermedad se diera más importancia de la justa, poniéndola en su sitio, a rajatabla, a dieta de los sentimientos negros de los que se alimenta.
Hablaba de los días buenos y los días malos de su cuerpo y de la servidumbre de las terapias sin autocompasión, sin refugiarse en la enfermedad para no hacer su trabajo, sin echarle la culpa de todo, sin dejarse intoxicar por el veneno de la melancolía, sin dimitir antes de tiempo de los gozos que la vida podía darle aún.
Un ejemplo de su sentido del humor, de su ironía y su capacidad para vivir sin darle importancia, ni dramatizar la dureza de la situación por la que atravesaba, es un correo electrónico que envió a un compañero de trabajo que se interesó por su salud cuando los efectos secundarios de la quimioterapia comenzaron afectar seriamente a su movilidad. En la respuesta a las temerosas preguntas de su interlocutor, Begoña afiló su mejor ironía para explicarle que “las tardes son mucho más divertidas, pierdo un brazo por completo y el otro casi, también pierdo el habla y no se me entiende nada. Podría contarte más detalles pero no me quiero lucir”. Terminaba aquél correo con una frase que no dejaba dudas de su estado de ánimo y de su decisión de luchar hasta el final y ser consciente de contra qué luchaba. Escribió Begoña: “En fin, cada uno tiene que vivir la vida que le toca vivir”
Begoña, fiel a sí misma, vivió hasta el final la vida que le tocó vivir. A las duras y a las maduras, sin disculpas, sin paliativos, siendo un ser humano noble, directo, preocupada por las vidas de los demás, con afán de no dejar cosas pendientes en ningún aspecto, bebiendo la copa de la vida hasta la última gota que es siempre la más amarga. Por eso la muerte no se merece a alguien como ella; por eso la muerte sabe que el silencio helado en el que nos ha sumergido desde ayer, se va a terminar pronto porque sobre el recuerdo de Begoña florecerán palabras de ánimo, palabras con humor, palabras de entereza, de compromiso con el futuro, con el trabajo, con la vida, con esa vida que ella siempre se empeñó en vivir y que vivió con la mayor dignidad posible hasta el último minuto.

En medio del silencio de la muerte, para los creyentes las palabras de hoy son las del consuelo que da su fe y ofrece la resurrección. Para quienes no lo sean, quedan las palabras de Begoña, el tiempo que compartimos, las veces que nos animó y sentimos que podíamos contar con ella, con su contagioso amor por la vida que siempre la mantendrá resucitada en nuestra memoria.
Descanse en paz.

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2 pensamientos en “Begoña Busto. In memoriam

  1. Con tristeza me he enterado de la muerte de Begoña, compañera a la que pude admirar y apreciar durante mis años de trabajo en ISASTUR. Este obituario refleja a la perfección la idea de vida que trasmitía y que me trasmitió durante el tiempo que tuve la suerte de conocerla. Cuando dejé el grupo me llamó a su despacho y me obsequió con unas palabras de aliento que no he olvidado. Un abrazo para su familia y para mis excompis. Descanse en paz.

  2. Hoy he topado con tu muerte, nada sabía de ti desde hace mucho, pero no me ha olvidado de esas largas conversaciones que manteníamos, tu para conocer de mi trabajo, yo para conocer de tu empresa que tanto defendías. Lamento que la enfermedad que yo conocí haya podido contigo, siempre recordaré a la ingeniera de minas que más sabía de certificaciones de calidad y otras cosas, siempre consideré que la calidad es una buena forma de trasmitir conocimiento en ese tipo de empresas. Lamento ahora más que nunca no haber podido continuar nuestras conversaciones….., un sincero abrazo, Begoña.

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