Cristales rotos

Teoría-de-los-cristales-rotos

Por José Manuel Iglesias Morón. Técnico en PRL. ISASTUR.

 

Errare humanum est, sed perseverare diabolicum. Agustín de Hipona

Los seres humanos somos naturalmente falibles, el error forma parte indiscutible de nuestras vidas con demasiada frecuencia, en demasiadas ocasiones, en demasiadas cuestiones, en demasiadas acciones u omisiones: al ver las cosas, al oírlas, al recordarlas, al valorarlas, al pensarlas, al calcularlas. El caso es errar. Si es hombre podemos estar seguros de que cometerá errores, y nadie puede estar por completo a salvo de ello.

El mundo laboral lógicamente también está inmerso en esta realidad, todos cometemos errores y también lo hacemos en nuestro puesto de trabajo. Pero los errores no siempre son inofensivos éstos tienen siempre sus consecuencias. En torno al 80% de los accidentes de trabajo se dice que están relacionados de alguna u otra forma con errores de personas.

En general, si analizamos la tipología de los errores en relación con la seguridad laboral podemos afirmar que existen dos grandes tipos de actos inseguros:

En un primer grupo podríamos incluir al conjunto de conductas inseguras causadas por errores de percepción, entendiendo percepción en sentido amplio como fallas de nuestra consciencia:

  • Pueden existir peligros que no se ven, que no se oyen o algunos en que no sea para nada fácil recordar su mera presencia. “No lo vi…”
  • Pueden existir peligros que no se ven por la existencia de una cierta confusión mental: una equivocación, una creencia errónea, un juicio erróneo de alguna cosa. “Yo pensaba que…”
  • Pueden existir peligros que no se ven por mero cansancio, distracción u olvido ¡Me despisté!
  • Pueden existir peligros que no se ven por falta de conocimientos técnicos: “No sabía que eso era así …”

En una segunda categoría, muy diferente a la anterior se encuentran las acciones imprudentes. En este caso la conducta de riesgo se produce no por una falta de percepción sino por una minusvaloración del riesgo en sí mismo; el riesgo se ve pero es tolerado movido quizás por el autoengaño de la falacia de wishful thinking [i], confundiendo deseos con la realidad: no habrá problemas, solo un poco, otros hacen lo mismo

Pero ¿qué hacer frente al error?

Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros. Baltasar Gracián

En primer lugar, como paso previo es necesario aceptar la entidad misma del problema, no verlo como algo residual propio de sujetos individuales, sino como algo verdaderamente sustancial en sí mismo, caeríamos en simplificaciones excesivas tratando de unir en un mismo esquema al sujeto que comete el error, y al sujeto que sufre el accidente, ¿la víctima puede ser causa de su propio accidente? ¿No estaríamos culpabilizando a la víctima del accidente mismo que padece: por ser despistado, por no ver la señal, por haberse equivocado de camino, en definitiva por hacer cosas propias de humanos? Además con independencia de nuestra naturaleza falible, las empresas tienen la obligación de garantizar la seguridad y salud de todos sus trabajadores previendo las distracciones o imprudencias no temerarias que se pudieran cometer. [ii]

Frente a la idea de la seguridad como virtud moral la cual tiene poco recorrido para la acción preventiva, hay entender la seguridad como el estado resultante de una configuración situacional Si un trabajador manifiesta una conducta peligrosa es porque existe un ambiente, una estructura situacional que marca las condiciones de posibilidad para que esas conductas se expresen y lo hagan de ese modo. Y es aquí donde tenemos que centrar todo nuestro campo de actuación, pues es el ambiente cultural es el que marca las condiciones de posibilidad de las conductas que en él se puedan expresar.

En psicología social existen un famoso experimento realizado en 1969, en Universidad de Stanford (EEUU), y que dio lugar posteriormente a la teoría de los cristales rotos. En el experimento se dejaban dos vehículos iguales abandonados, uno en el Bronx (zona pobre y conflictiva en aquella época) y otro en Palo Alto (zona rica y tranquila). El resultado es que en pocas horas el coche abandonado en el Bronx fue vandalizado y el de Palo Alto se mantuvo intacto. Por tanto podríamos pensar que pobreza y la marginación motivan el delito.

No obstante, el experimento no finalizó ahí. Cuando el auto del Bronx llevaba una semana totalmente deshecho y el de Palo Alto intacto, los investigadores rompieron un cristal del automóvil de Palo Alto y el resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

La enseñanza que podemos sacar del experimento es que un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

La teoría de los cristales rotos, fue aplicada con enorme éxito en los años 80 en la mejora de la seguridad en el metro de nueva york, se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.

Por tanto si queremos evitar conductas de riesgo quizás el primer paso deba ser algo tan simple como despejar de papeles nuestras mesa, prestar atención a la limpieza de los vehículos, o fijarnos en los pequeños incumplimientos que muchas veces pasamos por alto, generando entre todos un ambiente de máximo respeto a la norma: contratas, subcontratas, y clientes deben tener presente el importante poder simbólico contenido en un simple cristal roto, en una simple brida abandonada en el suelo.

Existen otras medidas que pueden contribuir a fortalecer la cultura de seguridad de la empresa, la educación en el valor de la prevención es una de ellas, a través de las enseñanzas transversales se puede enfocar el aprendizaje del valor, no dogmatizando sino impregnando. Algunas iniciativas novedosas al respecto como por ejemplo la literatura infantil, “El pirata Udo y el barco del color del sudor de los hipopótamos”[iii], es un pequeño cuento infantil para la promoción de la cultura preventiva en el cual tanto los padres al leer el cuento, como sus hijos al escucharlo pueden aprender los valores de la prevención, pasando un rato familiar divertido. También son importantes todas las actividades que propicien el diálogo entre iguales sobre lecciones aprendidas y temas de seguridad y salud laboral. Es desde la participación activa desde donde puede hacerse realidad la configuración de valores compartidos.

Frente a nuestros errores de percepción, la charla de seguridad pretarea, como ejercicio para la práctica de la predicción de peligros ocultos en el entorno de trabajo, es fundamental, entendida como método para aumentar nuestra capacidad para predecir peligros. [iv]

Todos sabemos que un técnico de prevención habituado a hacer inspecciones de seguridad tiene una mayor sensibilidad a apreciar posibles riesgos que otras personas no entrenadas en esta práctica. Es importante educar nuestra sensibilidad para la predicción de peligros. Y el desarrollo de este ejercicio puede ser una clave importante.

Además las reuniones de seguridad llevadas a cabo por mandos con una adecuada capacidad de comunicación y liderazgo pueden ayudar a descubrir posibles creencias erróneas, ayudando a clarificar la tarea así como a detectar problemas de falta de conocimientos técnicos. En Isastur la importancia de ese momento de la jornada se ha querido subrayar mediante la producción de un vídeo donde destacamos aquellos elementos de comunicación, verbal, visual y corporal que se consideran fundamentales para que el mensaje sea efectivo y la charla consiga el objetivo de reducir la siniestralidad laboral.

Dentro del enfoque conductual y psicosocial son importantes las medidas enfocadas al control de la capacidad de atención, de la detección de situaciones de fatiga, problemas organizacionales.

Por último indicar que desde el Holding Isastur, se están llevando a cabo otras actividades de interés en relación con el factor humano, como puede ser el programa formativo para al cambio de actitud en prevención dirigido a técnicos y mandos intermedios, así como la formación específica con importante contenido práctico sobre procedimientos de trabajo seguros: en altura, riesgo eléctrico, espacios confinados, extinción de incendios etc.

En definitiva: respeto a la norma, educar la actitud, mejora de la percepción del riesgo, mejora de la comunicación y el liderazgo, formación práctica, control de aspectos organizacionales y psicosociales, son algunas medidas que pueden contribuir a prevenir nuestras conductas de riesgo. Pero sobre todo tener siempre presente que un error reconocido es siempre una victoria ganada.

[i] Revista Formación de Seguridad Laboral número 140 abril 215 páginas 110-112: “el factor Humano y la falacia de Wishful Thinking”

[ii] Ley 31/1995  de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales. Artículo 15.4

[iii] Jose M Iglesias. El pirata Udo y el barco del color del sudor de los hipopótamos. Imastres.

[iv] Jose M Iglesias. GōngFu-Kiken Yochi. Revista MMI página 21 Diciembre 2013.

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