Una silla de ruedas y la historia de Clementina

Los trabajadores de ISOTRON montan la silla de ruedas. Al fondo, Clementina en la incómoda posturaen la que la obliga a caminar su lesión.

Los trabajadores de ISOTRON montan la silla de ruedas. Al fondo, Clementina en la incómoda postura en la que la obliga a caminar su lesión.

Las empresas tienen la obligación de hacer obras buenas, pero esa prioridad  profesional y técnica no anula la posibilidad de que también hagan buenas obras en un sentido estrictamente humano. Y esta es una de esas historias en las que la generosidad personal de un trabajador de ISOTRON que prefiere mantenerse en el anonimato, ha conseguido hacer una excelente obra que ha cambiado la calidad de vida de una mujer angoleña, Clementina Paula, condenada desde que nació a caminar apoyada en la punta de sus pies y de sus manos. ¿Qué cambio se produjo? Pues algo tan sencillo como una silla de ruedas que llegó desde España y que ha conseguido devolver la sonrisa, la calidad de vida y la dignidad a esta mujer.

Pero la historia debe ser contada por orden, como se cuentan todas las buenas historias, y quien lo hace es la voz de María Teresa Díaz Losada, trabajadora de ISOTRON y testigo directo de cómo se gestó paso a  paso esta buena noticia.

“ISOTRON lleva en Angola desde marzo de 2012 construyendo una planta potabilizadora de agua. Al principio, todo es extraño, diferente a todo lo visto (Y hemos visto mucho mundo…mucho…), las anécdotas se cuentan a miles. Sobre todo llaman la atención los niños y sus ropajes. Va a la escuela el que puede, claro, llevando su silla encima de la cabeza. Pese a todo, son felices. Nos llama la atención que coman gusanos fritos. ¿Por qué? Nosotros comemos caracoles…”

Poco a poco la convivencia coloca todo en su sitio. Lo que antes parecía raro y pintoresco se va haciendo cotidiano hasta que, relata Maite, “un día alguien se da cuenta de que hay una chica que se desplaza de forma extraña, con los pies y las manos, no puede caminar, ni siquiera de de rodillas… Esto era nuevo;  nos dimos cuenta de que nos habíamos acostumbrado a ver pasar gente, con historias más o menos parecidas, pero esta era diferente. Tras muchos meses allí, esta chica nos hizo dar la vuelta y mirar, detenernos a mirar y pensar.”

Prosigue Maite Díaz Losada. “Ahí es cuando alguien que prefiere quedarse en el anonimato me llama y me cuenta la historia de esa chica y dice que quiere hacer algo por ella. Vive en un pueblo que se llama Xangongo, tiene unos 25 años y un hijo pequeño, además de muchas dificultades para desplazarse a causa de la grave deficiencia física que padece desde que nació  y que la obliga a caminar con las manos y la punta de los pies”.

Clementina Paula no ha pedido ayuda a nadie, aunque es evidente que la necesita. Hay que dar con ella, de forma que cuatro compañeros de ISOTRON hablan con la policía de la zona para que les ayude a localizarla. Las pesquisas dan resultado y, prosigue Maite, “ahora, comenzaba a tomar forma este pequeño proyecto. Aquella mujer que caminaba raro, era Clementina. A nuestros compañeros les pareció una chica muy maja, comenzaron a hablar y hablar  y, al final, acabaron en su casa y conociendo a su familia. Hablaron largo y tendido y les contó que ella necesitaba ir al mercado a vender unos dulces que ella misma hacía. El trayecto que para cualquiera de nosotros significaría caminar durante diez minutos, para ella suponía una hora de ida y otra de vuelta. Conseguir la silla de ruedas era urgente”

 Navidad en España

Todas estas cosas pasaban en Angola cuando la plantilla de ISOTRON estaba a punto de disfrutar de sus vacaciones de Navidad en España. Cuenta Maite que “nuestro compañero, este chico anónimo, con un corazón muy grande, más que su tozudez…(son muchos años los que hace que le conozco), decide llevarle en su próxima incorporación a obra una silla de ruedas. Llega a España, con ganas de ver a su familia, los compromisos navideños le abordan por todos lados, su mujer y sus hijas le esperan ansiosas. Y el sentimiento es mutuo, la familia reunida otra Navidad, Navidad este año especial, por otros motivos personales…Pero a la vez, le pasa algo que nunca le había pasado, tenía ganas de volver a Angola,  con su promesa cumplida.”

“Ya en España, el compañero pide presupuesto a una ortopedia, habla con el aeropuerto a ver si necesita algún permiso para este equipaje tan especial, y todo parece fluir como la seda: le pasan un presupuesto de la silla, la compra, va al aeropuerto y no hay ningún problema para el traslado. Fijaros como es nuestro compañero que, en caso de problemas para embarcar la silla, estaba dispuesto a sentarse en ella y hacerla pasar por suya. Además de buena persona, es muy simpático. En este viaje de vuelta no hubo ni turbulencias ¿o es que con la satisfacción e ilusión de ‘rey mago’ ni se dio cuenta de ellas?

 El reencuentro

Y por fin llega el desenlace. Lo cuenta Maite Díaz. “La llegada es ansiada por todos, por el que recibe y por el que da. Se va con otros compañeros a casa de Clementina, ella está ansiosa, se nos ha puesto toda guapetona. Clementina busca con la mirada esa caja grande que viene en el coche ¡Qué grande! Las piezas comienzan a salir y, poco a poco, tornillo aquí, ajuste allá, previa “charla pre-tarea de seguridad” para que nadie se haga daño… la silla toma forma…, no sobra ni falta ni una sola pieza, solo faltaba Clementina, que ella la  probase, y sí, el conjunto era precioso. Todo el mundo se acercaba a ver a Clementina, fue un día de alegría, de sensación de… un trabajo bien hecho”.

 

Gracias a ti, querido amigo ‘anónimo’, y a todos los que pusisteis tanta ilusión en este proyecto.

Una foto de familia tras el "final feliz".

Una foto de familia tras el “final feliz”.

 

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