Buscando el almacén de energía perfecto

(Artículo de Alfonso Gálvez y María González / Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) • 23 de febrero de 2018)

Laboratorio Europeo de Radiacion Sincrotron

El hidrógeno se considera una de las opciones de combustible con más futuro debido a su capacidad de almacenamiento de energía, unas tres veces superior al gas natural, y a la ausencia de generación de contaminantes en su combustión, ya que sólo genera agua en el proceso.

Un estudio con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela cuáles son las fases que producen hidrógeno en un sistema de cobre y niquel fotocatalítico y abre una nueva vía para la producción de lo que se conoce como “energía ecológica”. El estudio se ha publicado en la revista Angewandte Chemie.

La fotocatálisis permite producir hidrógeno mediante un “proceso verde completo”, uno de los principales objetivos de la química moderna, ya que se da en condiciones suaves de temperatura y presión y, además, permite usar la luz solar como fuente energética de la radiación. La fotocatálisis requiere el uso de un semiconductor. Bajo excitación lumínica, el material genera especies cargadas que, al llegar a la superficie del mismo, interactúan con las moléculas y producen la reacción química. En este estudio, los investigadores han trabajado con sistemas de cobre y níquel como elementos activos depositados sobre el semiconductor y han comprobado que la combinación de ambos es más activa que el sistema de cobre o níquel solo.

“Para generar hidrógeno se requiere incluir elementos metálicos en la superficie del semiconductor. Uno de los problemas es conocer la fase metálica activa en el proceso químico, que es complejo en fotocatálisis ya que el volumen de muestra analizado debe ser exactamente el mismo que el iluminado”, asegura el investigador Marcos Fernández-García, del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica.

Comprender cómo modula la fase activa de un fotocatalizador su estado de oxidación, tamaño y estructura durante la reacción fotocatalítica es una de las tareas más complejas. “Para el estudio se calcula la interacción producida entre materia y radiación, además de controlar el volumen de muestra escaneado mediante absorción de rayos X y así asegurar que los resultados de las fases metálicas sean relevantes”, señala Fernández-García. “Se analizan las propiedades de la fase activa en los catalizadores —continúa— en función de la distancia a la superficie. Con ello se analiza el efecto de los reactantes y la luz por separado”.

Dependiendo de la profundidad desde la superficie de la muestra, el estado del metal es diferente. “Bajo la acción simultánea de la luz y los reactantes, los elementos metálicos sufren una transformación, donde se observan fases tanto metálicas, como oxidadas. En el sistema bimetálico, el que tiene una fase oxidada más extendida, se generan partículas muy pequeñas de la fase metálica, que se dispersan por todo el sólido. Esa diferencia hace que la producción de hidrógeno aumente entre tres y 10 veces, dependiendo de las condiciones experimentales”, concluye Fernández-García.

En el trabajo han participado investigadores del Instituto de Materiales de Sevilla, también del CSIC, y el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón, de Grenoble (Francia).

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La energía osmótica, ¿solución de futuro?

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(*)Publicado el 17/07/2017 en directivosygerentes.es

Christopher Gorski, profesor de ingeniería de la Universidad Penn State y parte de este equipo, afirma que “el objetivo de esta tecnología era sacarle partido a las distintas concentraciones de sal de las dos masas de agua“.

Pero quizás no esperaban que los resultados fueran a ser los que fueran: y es que esta tecnología consigue producir una cantidad de energía que no logra ningún otro sistema.

La diferencia entre concentraciones de sal produce energía; por ello, desde hace tiempo las desembocaduras de los ríos son sitios ideales para instalar plantas energéticas. Sin embargo, las tecnologías que se habían desarrollado hasta ahora no estaban a la altura.

La ‘ósmosis por presión retardada’ es el sistema más potente que había hasta ahora: usa membranas semipermeables que aprovechan la concentración para generar electricidad.

El problema es que esas membranas se convertían rápidamente en nidos de bacterias, que acababan por bloquear los canales por donde pasaba el agua.

Consecuencia: su efectividad caía en picado.

En el otro sistema, la ‘electrodiálisis inversa’, no es el agua el que atraviesa la membrana, sino la sal disuelta. La estrategia consiste en intercalar varios canales de agua separados por membranas de este tipo para crear una especie de pila.

Las membranas no se bloquean y el sistema no pierde eficiencia, pero, en cambio, se produce muy poca energía.

El nuevo sistema de energía osmótica

Ahora, el equipo de la Penn State ha combinado esta última tecnología (la electrodiálisis inversa) con la ‘mezcla capacitativa’: un sistema que utiliza electrodos expuestos secuencialmente a flujos de agua con distintas concentraciones.

El resultado es una celda de flujo electroquímico que produce una cantidad energía sin precedentes y sin pérdidas de eficiencia.

La celda usa un sistema muy parecido al de la electrodiálisis inversa, pero que va cambiando (en cada ciclo) el tipo de agua que pasa por cada canal.

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De esta forma, se producen ambos efectos, que combinados producen mucha más energía de la que se esperaba antes de iniciar esta investigación.

Concretamente, 12,6 vatios por metro cuadrado de membrana, frente a los 2,9 de la electrodiálisis inversa y los 9,2 de la ósmosis por presión retardada (en pleno rendimiento).

Según sus estimaciones, esta diferencia de concentraciones tiene el potencial de generar el 40% de toda la demanda mundial de energía.

Aunque la fusión nuclear sería una revolución sin precedentes, la energía osmótica tiene muchas opciones de convertirse en la energía del futuro.

Aún lejos de hacerse realidad

Los resultados son muy esperanzadores, pero aún queda lo más complejo: llevarlo a entornos reales y ver cómo otros compuestos químicos, presentes en esos entornos, pueden afectar a las células electroquímicas.

Según afirma el propio investigador, Christopher Gorski, todavía hay necesidad de mejora: “la tecnología está a más de cinco años de que nadie vea las plantas piloto cerca de las playas“.

Según explica Gorski, se necesitarán hacer varias cosas para traducir la tecnología en centrales eléctricas reales. “Primero, necesitamos optimizar la química. Hay numerosos materiales que podrían ser utilizados, pero sólo un puñado que se han probado. A continuación, tenemos que considerar los costos de cada componente en el dispositivo en relación con su rendimiento“.

El mayor desafío es el alto costo de las membranas de intercambio iónico. Reducir estos costes es crítico para hacer esta tecnología competitiva en relación con otras tecnologías de energía renovable.

Trumponomic

 

 

trump

Federico Steinberg. Opinión – 10/11/2016

 (*) Publicado el 10/11/2016 en Expansión.

¿Alguien recuerda Reaganomics? ¿Y Clintonomics? Así se bautizó a las políticas económicas que los presidentes estadounidenses Ronald Reagan y Bill Clinton pusieron en práctica en los años ochenta y noventa del siglo pasado. Reaganomics fue una suerte de keynesianismo de derechas. Bajadas de impuestos (confiando en la efectividad de la Curva de Laffer), desregulación de los mercados y aumento del gasto militar, que terminó generando enormes déficit públicos y comerciales, que a su vez fueron clave para que Estados Unidos ganara la guerra fría. Clintonomics, por su parte, se centró en la estabilidad presupuestaria, los acuerdos de libre comercio, los bajos tipos de interés, el desarrollo de la “nueva economía” y la espectacular subida de la bolsa. Fue la época en la que Estados Unidos promovió con más fuerza la globalización, confiando en sus bondades e ignorando sus efectos adversos, como el aumento de la desigualdad o la excesiva influencia de las finanzas.

¿Qué podemos esperar de Trump en política económica? ¿Terminaremos hablando de Trumponomics? ¿O sus políticas serán tan erráticas e incongruentes que no tendrá sentido acuñar este término?

El nuevo presidente de Estados Unidos ha logrado ganar las elecciones con un discurso xenófobo y proteccionista que ha entusiasmado sobre todo a los votantes blancos rurales. Se ha presentado como un outsider del sistema capaz de conseguir que la economía vuelva a funcionar para una clase media cada vez más desencantada con el establishment y con la idea de que las buenas cifras macroeconómicas son suficientes para que la prosperidad se reparta de una forma equitativa entre los ciudadanos (recordemos que Estados Unidos está en pleno empleo y que durante la Administración Obama se ha evitado una segunda Gran Depresión, pero que nada de eso ha servido para que los Demócratas conserven la Casa Blanca).

Es difícil anticipar cuál será el impacto económico de sus políticas porque una de las principales características del magnate es su impredecebilidad. Por lo tanto, lo primero que podemos esperar es un aumento de la volatilidad en los mercados, que ya se aprecia en una caída de las bolsas europeas (la estadounidense ha abierto al alza), una depreciación del dólar y un aumento del coste del endeudamiento a largo plazo de Estados Unidos. Sin embargo, también hay que subrayar que estos movimientos están siendo relativamente pequeños si se los compara con los que sucedieron al Brexit el pasado junio, lo que indica que la victoria de Trump no puede ser calificada como un auténtico cisne negro.

Pero más allá de la volatilidad en los mercados financieros, lo que sí parece probable es que la Administración Trump sea proteccionista en materia comercial y expansiva en materia fiscal. Durante la campaña, el presidente ha dicho que está en contra de los acuerdos comerciales, que impondrá aranceles a los productos chinos para proteger y regenerar la industria norteamericana, y que incluso está dispuesto a sacar a Estados Unidos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) si esta institución multilateral, que actúa como guardiana de los mercados abiertos, resultara ser un impedimento para conseguir sus objetivos. En materia fiscal ha abogado por bajadas de impuestos –sobre todo para las rentas más altas–, y por un popurrí de medidas confusas en relación al gasto público, que en conjunto se aventuran más bien expansivas. Así, se ha mostrado partidario de recortar gasto en política exterior y de hacer que los países europeos paguen mayoritariamente la factura de la OTAN, pero también ha abogado por un aumento del gasto interno para aumentar la seguridad y proteger a los perdedores de la globalización. Y, por último, ha hecho declaraciones que es difícil tomarse en serio, como su intención de no pagar la deuda de Estados Unidos o reducir la independencia de la Reserva Federal.

Más allá de su retórica, lo más probable es que Trump promueva un mayor aislacionismo económico de Estados Unidos, volviendo al espíritu de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”), lo que supondrá que dedicará mucha más atención y energía a los asuntos internos que a liderar (o contribuir en el liderazgo de) las iniciativas globales, como el G-20, los aspectos climáticos o la gobernanza de la globalización. Es poco probable que apoye los nuevos acuerdos comerciales (TTP en el Pacífico y TTIP con la UE), aunque tampoco es probable que dé marcha atrás en los hoy existentes (como el NAFTA en EEUU, Canadá y México o la propia OMC).

En materia fiscal es muy posible que termine siendo parecido a Reagan, un keynesiano encubierto que genere enormes déficit públicos. Como el impacto negativo del proteccionismo sólo se dejará notar a medio y largo plazo, el impulso fiscal podría elevar el crecimiento y la inflación, y la Fed se tomará con calma la subida de tipos de interés para reducir la incertidumbre, es probable que la economía estadounidense continúe creciendo. Cosa distinta que Trumponomics haga más difícil la cooperación económica internacional en un mundo que cada vez la necesita más.

Federico Steinberg
Investigador Principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid
| @Steinbergf

Una de dragones

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Carlos A. Varela García. Jefe Dpto. Prevención Riesgos Laborales ISASTUR

 

Ya hace más de dos décadas que en España se publicó la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y todavía siguen produciéndose accidentes.  Es difícil obtener conclusiones solamente de la observación de la evolución de la accidentabilidad, ya que existen diversas variables que pueden llegar a ser influyentes (la economía, los puestos de trabajos, las nuevas o la desaparición de ciertas actividades, la variación en la población trabajadora, etc.).

Lo que está claro, es que si alguien en el mundo supiera como evitar los accidentes, sería ahora multimillonario por vender libros con esa fórmula mágica, o ejerciendo de coach, tan de moda hoy en día.  Los grandes “gurús” en la materia, dicen que la clave es cambiar en la Sociedad la cultura en la materia y que eso lleva tiempo.

Desde mi privilegiado puesto de observador, sí he apreciado con el paso del tiempo que la citada cultura está cambiando poco a poco, o al menos así me parece a mí; os cuento.

Aún recuerdo cuando me matriculé en uno de los primeros cursos  de Prevención de Riesgos Laborales recién salida la Ley. ¡No sabía de qué iba! Algunos de mis amigos me preguntaban: `¿prevención de qué?´ Incluso recuerdo que me daba vergüenza decir lo que estaba estudiando; y ahora junto con los idiomas, contar con esta formación suele ser uno de los requisitos básicos para optar a cualquier trabajo.

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En aquel curso, uno de mis profesores, como introducción hizo un símil con la `draconología´ (ciencia que estudia a los dragones). Nos decía, que al igual que un draconólogo tenía que creer y convencer de que los dragones existen, nosotros los prevencionistas, tendríamos que hacer lo mismo.

Al cabo de unos años de la publicación de la Ley, las empresas más grandes ya hablaban de gestionar y planificar la prevención, ya empezaban a utilizar equipos de protección colectiva y personal, a elaborar y solicitar a sus subcontratas evaluaciones de riesgos para cualquier tarea por menor que ésta fuera, a investigar los accidentes, etc.

Recuerdo también cuando implantamos en ISASTUR la utilización de gafas de seguridad como un equipo de protección personal básico, y trabajadores de otras empresas se burlaban diciendo: `¡ahí vienen las moscas!´, mientras nosotros conseguíamos reducir gradualmente nuestra accidentalidad. Curiosamente, ahora estos trabajadores que se burlaban también las usan.

O cuando propusimos por primera vez en ISASTUR la implantación de la charla pre-tarea (explicación de los riesgos y medidas preventivas a adoptar en una determinada tarea) y algunas personas nos decían que estábamos locos, que era impensable que los mandos realizaran esta actividad y más aún con el poco tiempo del que disponían.

Pues sí, estos son algunos ejemplos que al menos a mí me llevan a pensar que estamos avanzando, que la cultura en materia de prevención de riesgos laborales está cambiando poco a poco, y que aquellas organizaciones empresariales que tienen éxito en la materia tienen una constante que se repite, y es que todos sus miembros, no sólo los Técnicos de Prevención, dedican mucho tiempo a actividades preventivas (evaluación de riesgos, planificación, formación, supervisión y mejora continua). Pero, ojo, ese tiempo dedicado debe ser sin duda de calidad ya que si no, no funciona.

Actualmente en ISASTUR nos estamos enfrentando a otro gran reto, llevar nuestros estándares de prevención más lejos, a otros lugares, a otros países en ocasiones con una cultura en prevención de riesgos laborales diferente a la nuestra.

Espero que con el paso del tiempo y con el inestimable esfuerzo de todos los que integramos ISASTUR podamos apreciar más cambios similares a los relatados… y si no fuera así, al menos siempre nos quedará dedicarnos a la `draconología´.

 

 

 

 

Cristales rotos

Teoría-de-los-cristales-rotos

Por José Manuel Iglesias Morón. Técnico en PRL. ISASTUR.

 

Errare humanum est, sed perseverare diabolicum. Agustín de Hipona

Los seres humanos somos naturalmente falibles, el error forma parte indiscutible de nuestras vidas con demasiada frecuencia, en demasiadas ocasiones, en demasiadas cuestiones, en demasiadas acciones u omisiones: al ver las cosas, al oírlas, al recordarlas, al valorarlas, al pensarlas, al calcularlas. El caso es errar. Si es hombre podemos estar seguros de que cometerá errores, y nadie puede estar por completo a salvo de ello.

El mundo laboral lógicamente también está inmerso en esta realidad, todos cometemos errores y también lo hacemos en nuestro puesto de trabajo. Pero los errores no siempre son inofensivos éstos tienen siempre sus consecuencias. En torno al 80% de los accidentes de trabajo se dice que están relacionados de alguna u otra forma con errores de personas.

En general, si analizamos la tipología de los errores en relación con la seguridad laboral podemos afirmar que existen dos grandes tipos de actos inseguros:

En un primer grupo podríamos incluir al conjunto de conductas inseguras causadas por errores de percepción, entendiendo percepción en sentido amplio como fallas de nuestra consciencia:

  • Pueden existir peligros que no se ven, que no se oyen o algunos en que no sea para nada fácil recordar su mera presencia. “No lo vi…”
  • Pueden existir peligros que no se ven por la existencia de una cierta confusión mental: una equivocación, una creencia errónea, un juicio erróneo de alguna cosa. “Yo pensaba que…”
  • Pueden existir peligros que no se ven por mero cansancio, distracción u olvido ¡Me despisté!
  • Pueden existir peligros que no se ven por falta de conocimientos técnicos: “No sabía que eso era así …”

En una segunda categoría, muy diferente a la anterior se encuentran las acciones imprudentes. En este caso la conducta de riesgo se produce no por una falta de percepción sino por una minusvaloración del riesgo en sí mismo; el riesgo se ve pero es tolerado movido quizás por el autoengaño de la falacia de wishful thinking [i], confundiendo deseos con la realidad: no habrá problemas, solo un poco, otros hacen lo mismo

Pero ¿qué hacer frente al error?

Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros. Baltasar Gracián

En primer lugar, como paso previo es necesario aceptar la entidad misma del problema, no verlo como algo residual propio de sujetos individuales, sino como algo verdaderamente sustancial en sí mismo, caeríamos en simplificaciones excesivas tratando de unir en un mismo esquema al sujeto que comete el error, y al sujeto que sufre el accidente, ¿la víctima puede ser causa de su propio accidente? ¿No estaríamos culpabilizando a la víctima del accidente mismo que padece: por ser despistado, por no ver la señal, por haberse equivocado de camino, en definitiva por hacer cosas propias de humanos? Además con independencia de nuestra naturaleza falible, las empresas tienen la obligación de garantizar la seguridad y salud de todos sus trabajadores previendo las distracciones o imprudencias no temerarias que se pudieran cometer. [ii]

Frente a la idea de la seguridad como virtud moral la cual tiene poco recorrido para la acción preventiva, hay entender la seguridad como el estado resultante de una configuración situacional Si un trabajador manifiesta una conducta peligrosa es porque existe un ambiente, una estructura situacional que marca las condiciones de posibilidad para que esas conductas se expresen y lo hagan de ese modo. Y es aquí donde tenemos que centrar todo nuestro campo de actuación, pues es el ambiente cultural es el que marca las condiciones de posibilidad de las conductas que en él se puedan expresar.

En psicología social existen un famoso experimento realizado en 1969, en Universidad de Stanford (EEUU), y que dio lugar posteriormente a la teoría de los cristales rotos. En el experimento se dejaban dos vehículos iguales abandonados, uno en el Bronx (zona pobre y conflictiva en aquella época) y otro en Palo Alto (zona rica y tranquila). El resultado es que en pocas horas el coche abandonado en el Bronx fue vandalizado y el de Palo Alto se mantuvo intacto. Por tanto podríamos pensar que pobreza y la marginación motivan el delito.

No obstante, el experimento no finalizó ahí. Cuando el auto del Bronx llevaba una semana totalmente deshecho y el de Palo Alto intacto, los investigadores rompieron un cristal del automóvil de Palo Alto y el resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

La enseñanza que podemos sacar del experimento es que un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

La teoría de los cristales rotos, fue aplicada con enorme éxito en los años 80 en la mejora de la seguridad en el metro de nueva york, se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.

Por tanto si queremos evitar conductas de riesgo quizás el primer paso deba ser algo tan simple como despejar de papeles nuestras mesa, prestar atención a la limpieza de los vehículos, o fijarnos en los pequeños incumplimientos que muchas veces pasamos por alto, generando entre todos un ambiente de máximo respeto a la norma: contratas, subcontratas, y clientes deben tener presente el importante poder simbólico contenido en un simple cristal roto, en una simple brida abandonada en el suelo.

Existen otras medidas que pueden contribuir a fortalecer la cultura de seguridad de la empresa, la educación en el valor de la prevención es una de ellas, a través de las enseñanzas transversales se puede enfocar el aprendizaje del valor, no dogmatizando sino impregnando. Algunas iniciativas novedosas al respecto como por ejemplo la literatura infantil, “El pirata Udo y el barco del color del sudor de los hipopótamos”[iii], es un pequeño cuento infantil para la promoción de la cultura preventiva en el cual tanto los padres al leer el cuento, como sus hijos al escucharlo pueden aprender los valores de la prevención, pasando un rato familiar divertido. También son importantes todas las actividades que propicien el diálogo entre iguales sobre lecciones aprendidas y temas de seguridad y salud laboral. Es desde la participación activa desde donde puede hacerse realidad la configuración de valores compartidos.

Frente a nuestros errores de percepción, la charla de seguridad pretarea, como ejercicio para la práctica de la predicción de peligros ocultos en el entorno de trabajo, es fundamental, entendida como método para aumentar nuestra capacidad para predecir peligros. [iv]

Todos sabemos que un técnico de prevención habituado a hacer inspecciones de seguridad tiene una mayor sensibilidad a apreciar posibles riesgos que otras personas no entrenadas en esta práctica. Es importante educar nuestra sensibilidad para la predicción de peligros. Y el desarrollo de este ejercicio puede ser una clave importante.

Además las reuniones de seguridad llevadas a cabo por mandos con una adecuada capacidad de comunicación y liderazgo pueden ayudar a descubrir posibles creencias erróneas, ayudando a clarificar la tarea así como a detectar problemas de falta de conocimientos técnicos. En Isastur la importancia de ese momento de la jornada se ha querido subrayar mediante la producción de un vídeo donde destacamos aquellos elementos de comunicación, verbal, visual y corporal que se consideran fundamentales para que el mensaje sea efectivo y la charla consiga el objetivo de reducir la siniestralidad laboral.

Dentro del enfoque conductual y psicosocial son importantes las medidas enfocadas al control de la capacidad de atención, de la detección de situaciones de fatiga, problemas organizacionales.

Por último indicar que desde el Holding Isastur, se están llevando a cabo otras actividades de interés en relación con el factor humano, como puede ser el programa formativo para al cambio de actitud en prevención dirigido a técnicos y mandos intermedios, así como la formación específica con importante contenido práctico sobre procedimientos de trabajo seguros: en altura, riesgo eléctrico, espacios confinados, extinción de incendios etc.

En definitiva: respeto a la norma, educar la actitud, mejora de la percepción del riesgo, mejora de la comunicación y el liderazgo, formación práctica, control de aspectos organizacionales y psicosociales, son algunas medidas que pueden contribuir a prevenir nuestras conductas de riesgo. Pero sobre todo tener siempre presente que un error reconocido es siempre una victoria ganada.

[i] Revista Formación de Seguridad Laboral número 140 abril 215 páginas 110-112: “el factor Humano y la falacia de Wishful Thinking”

[ii] Ley 31/1995  de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales. Artículo 15.4

[iii] Jose M Iglesias. El pirata Udo y el barco del color del sudor de los hipopótamos. Imastres.

[iv] Jose M Iglesias. GōngFu-Kiken Yochi. Revista MMI página 21 Diciembre 2013.

Prevendiálogo, un recurso pedagógico para la formación de la actitud preventiva

Por José Manuel Iglesias Morón*. Técnico en PRL Grupo ISASTUR.

El término “prevendiálogo” se refiere a la práctica de la prevención de riesgos, utilizando como recurso pedagógico el diálogo, como método de aprendizaje y descubrimiento.

 GRABACION PRL 1

En el ámbito pedagógico, el diálogo tiene dos posibilidades de aplicación: por medio del diálogo escrito, cuya lectura comprensiva en grupo puede favorecer la adquisición de correctas actitudes preventivas; o como práctica del método mayéutico de enseñanza, también conocido como “método largo de aprendizaje”, consistente en el diálogo real y efectivo.

Pero, ¿necesitamos recurrir al diálogo en el campo de la prevención de riesgos laborales? Entiendo, por diversos motivos, que no solo es necesario, sino que es ciertamente urgente el abordar con rigurosidad la enseñanza de los contenidos actitudinales de la prevención, entendidos estos como todo ese conjunto de actitudes, valores y normas que conforman lo que solemos identificar con el concepto de “cultura preventiva”.
Teoría v/s práctica

El nacimiento de la prevención de riesgos trajo consigo el surgimiento de una gran burbuja continental en respuesta al vacío existente sobre la materia. Una de las preocupaciones fundamentales durante esa primera época de la prevención, fue dotar de contenidos a los cursos de formación. En los últimos 20 años, hemos asistido a un curioso devenir de la actividad generadora de contenidos, aun obviando las modernas teorías pedagógicas, e inmersos en ese gran festín pedagógico, llegamos a la rica y paradójica situación actual donde cualquiera puede tener a su disposición con asombrosa facilidad manuales de riesgos y medidas preventivas de prácticamente cualquier actividad profesional que se le antoje.

Además, estos contenidos se han ido estilizando y actualizando a las nuevas tecnologías -videos, pegatinas, posters, comics, videojuegos, apps, etc-. La idea pedagógica fundamental que ha movido la producción ha sido la de hacer agradable, visual y fácilmente entendibles los contenidos conceptuales a los trabajadores, en principio no muy dados al estudio de teorías. Pero, “aunque los conceptos se vistan de seda, al fin y al cabo conceptos se quedan”, y pronto todos se dieron cuenta del fracaso pedagógico de la formación teórica de la prevención.

El abuso de la fase conceptual o de la enseñanza teórica de la prevención dio lugar a un segundo momento, en el que todavía estamos inmersos: el momento de la formación práctica. Todos tratamos de reducir el rodillo teórico de nuestros cursos y pasamos a centrarnos en la parte práctica del asunto, siempre mucho más divertida y de utilidad para nuestros trabajadores.

El problema de la práctica es que, si bien es muy útil sobre todo para la memorización de procedimientos o de modos de hacer, no es la herramienta diseñada específicamente para el trato de las normas, actitudes y valores de la prevención. Aunque es un buen campo para la transversalidad (siempre y cuando el formador sea capaz de generar el ambiente de seguridad adecuado), lo peor que nos puede pasar en un curso práctico de prevención es que el propio formador no cumpla de modo estricto con las normas ni transmita los valores oportunos (por ejemplo, no usando de modo riguroso los equipos de protección).

Entre la fase conceptual y la fase práctica, encontramos que los contenidos actitudinales continúan sin ser atendidos de un modo más o menos riguroso, y en el mejor de los casos, se recurre a pequeños debates o juegos de rol, pero sin una metodología definida.
Cómo avanzar en seguridad

Para poder avanzar, debemos tener claro que la prevención de riesgos no es un dogma a transmitir, sino más bien una actitud a sugerir, es decir, un enfoque o una dirección de sentido a adoptar. Porque, insistiendo en la represión, es muy posible que proporcionalmente disminuyamos la potencialidad de la formación como medio para modificar actitudes. El hombre democrático no demanda ni necesita de dogmas que admitir, sino de razones que pueda ser capaz de abordar por sí mismo. Lo paradójico de la situación actual es que, a pesar de las múltiples formaciones, tanto teóricas como prácticas, y de toda la cosmética de los materiales formativos, no se consigue el cambio de actitud deseado. En muchos casos, las conductas de riesgos se siguen produciendo y, con ello, nuestro desasosiego al respecto se acrecienta. ¿Por qué siguen cometiendo imprudencias?

Sin la actitud correcta, no tenemos absolutamente nada que hacer, porque la actitud es la que marca la orientación radical de nuestra acción. Como símil, podemos memorizar una y otra vez las palabras de un idioma, podemos repetir una y otra vez una misma estructura gramatical, pero no seremos hablantes del idioma hasta que no modifiquemos nuestra actitud idiomática y esto siempre significa un cambio profundo de nuestra propia identidad. En otras palabras, para llegar a hablar inglés, hay que dejar de pensar (hablar) en español y empezar a ser pensante inglés.

Por lo tanto, para la modificación de actitudes siempre se requiere de una ruptura previa, y ese momento es fácil de identificar. Es uno de esos momentos difíciles de nuestra vida en los que uno se siente desorientado y deja de saber a qué atenerse con respecto a una determinada cuestión. El problema es vencer las resistencias del ego herido y darse cuenta que esto le ocurre a todos.

A tal respecto, el diálogo preventivo que propongo nos puede servir como recurso pedagógico para la formación preventiva. A través de este recurso, además de enseñar algunos métodos de la razón, así como algunas trabas del pensamiento, también es posible incorporar contenidos doctrinales al plantear un problema y, al mismo tiempo, se pueden proponer o intentar proponer soluciones que el individuo que ha seguido con su pensamiento el discurrir de la discusión puede apropiarlas como suyas. ¿Y no es este el tipo de conocer que andamos buscando?.

*Artículo publicado en la revista HSEC

“Los becarios también aportan ideas y soluciones. No sólo hacen fotocopias”

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Marta Gómez Sánchez

Ingeniera Superior Industrial. Tras 12 meses colaborando con ISASTUR Ingeniería a través del Programa de Becarios, Marta se incorporó en una de las unidades de negocio de esta misma empresa, dónde continuará involucrada en varios proyectos internacionales.

  • ¿Qué quieres “ser de mayor” ,cuando vayas creciendo profesionalmente? ¿El mundo laboral es cómo lo pintan en las Universidades?

Me gustaría aprender en todos los aspectos y desarrollar mis aptitudes lo máximo posible. Creo que en la universidad se idealiza un poco el mundo laboral y no te haces una idea de lo que supone trabajar en una empresa hasta que lo haces a diario y ves a nivel general cómo está dividida, qué hace cada persona y como se gestiona la empresa.

  • ¿Crees que los becarios están para algo más que hacer fotocopias?

Sí, claro, como becario tu función es ayudar todo lo posible en el proyecto que te asignen, pero también para aprender y aportar ideas y conocimientos.

  • ¿Qué competencias has podido desarrollar durante tu periodo de beca?

Básicamente trabajo en equipo, gestión y control de documentación de las obras e idiomas.

  • ¿Qué es lo que esperas de la empresa?

Espero que poco a poco, y en la medida que mis superiores dispongan de más tiempo pueda aumentar mis conocimientos y tener más experiencia en otros campos, me gustaría seguir formándome.

  • ¿Con qué dificultades os encontrasteis en el proyecto de Argelia?

Aparte del idioma, con la forma de trabajar y el ritmo argelinos, distinto en muchos casos a los que hay aquí, según me cuentan mis compañeros con más experiencia. Hay que cambiar de mentalidad y ser cuidadosos al tratar con ellos.

  • ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta del Grupo Isastur?

Para mí lo mejor es el trabajo con mis compañeros y el ambiente que hay a diario con ellos, y quizás lo que menos me gusta es que a veces la inmediatez es necesaria y no tienes tiempo para meditar o pararte a aprender ciertas cosas.

  • ¿Te imaginas el mundo sin internet?, ¿Cómo harías para desarrollar tu trabajo?

Ahora es casi impensable vivir sin internet, es una herramienta básica de          trabajo, por la comunicación, el acceso a datos… Si no tuviera internet supongo que el trabajo saldría adelante igual, pero el proceso sería más lento, hace años no había internet pero sí había subestaciones